La importancia de calibrar el monitor

Un asunto al que, con más frecuencia de la debida, no se le da importancia, es a la calibración del monitor.

De nada sirve ser muy exigente a la hora de elegir la cámara, ser meticuloso ajustando el balance de blancos en un archivo en RAW o llevar las fotos al mejor laboratorio si, en realidad, no sabemos si la pantalla de nuestro ordenador, que es donde ajustamos nuestras imágenes, nos está diciendo la verdad respecto al color y la exposición de las fotografías.


Para un aficionado a la fotografía hay pocas cosas más decepcionantes que, después de pasarse horas ajustando las fotografías de las vacaciones, al mostrarlas en otro ordenador o en un teléfono o tableta, o en papel, el resultado sea desastroso en cuanto a color, sombras y luces.

Lo peor es que no sabemos dónde está el fallo, si en nuestro ordenador o en el del amigo en el que vemos las fotos. Y tampoco sabemos si quienes vean nuestras fotografías en las galerías que montamos, las verán bien o no.



Parte de la solución pasa por usar un calibrador de pantalla.

Se trata de un aparato que mide, en combinación con un programa adecuado, los colores que emite la pantalla, generando un perfil de color (un archivo que incluye las desviaciones y correcciones de color pertinentes) que es el que usará nuestro ordenador para mostrar los colores correctos.

El calibrador es una especie de escáner que se pone encima de la pantalla, colgando sobre ella, y "lee" cuadros de colores emitidos por el programa de calibración. Así, el programa sabe qué color está mostrando y cuál está, en realidad, emitiendo la pantalla, gracias a la lectura del calibrador. De esa manera, puede establecer las diferencias existentes y generar un perfil corrector.

El uso de un calibrador de pantalla es sumamente sencillo.

Una vez ajustado el perfil de color de nuestro monitor, sabemos que los colores que veremos (y todos los matices de luz), son correctos, lo cual es la base para poder hacer ajustes bien hechos en nuestras fotografías.

Desde luego, puede ser que quien vea nuestras fotos (u otras cualquiera), las vea mal, debido a que su monitor esté mal ajustado, pero eso ya no lo podemos controlar. Lo importante es saber que nuestras imágenes están bien ajustadas, sin dudas.

Los calibradores profesionales son bastante caros, pero los modelos más sencillos, que funcionan muy bien para usuarios aficionados, valen entre 80 y 100 euros, una cantidad que bien vale la pena gastar, si se quiere trabajar sobre seguro.

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